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Acto XXIII - Requiem

Journal Entry: Mon Jul 6, 2015, 12:39 PM


"—Shaoran, ¿qué le pasa?

Me giré hacia la voz, aún sin reconocerla, para descubrir que yo estaba en el teatro y que Rika me miraba a un par de metros de distancia. Quizá, ella tenía los rasgos desfigurados por el miedo o, quizá, la nube blanca que lo empañaba todo me impedía distinguir su rostro con claridad.

—¿Qué le pasa? —volvió a preguntar, señalando algo a mis espaldas: el foco del cual surgía aquel zumbido insoportable, que bien podría llevar una eternidad taladrándome la cabeza.

Pero la realidad no esperaba de pie tras de mí, sino que se ocultaba, hincada de rodillas, en el suelo. Incluso sin moverse, Sakura arrastró de vuelta la consciencia de aquella carta que ahora se arrugaba en mi mano, y de cómo la habíamos leído juntos cuando todavía éramos los únicos habitantes del teatro. Recordé cada palabra escrita en el papel, preguntándome qué hora sería y pensé que, marcara lo que marcara el reloj, ya era demasiado tarde."

Tras el telón
Acto XXIII
"Réquiem"

Léelo [aquí].

   



♥ ♫ ♥ ♫ ♥
Original CCS code by kuschelirmel-stock | Modified by sam-ely-ember | Original art by Choco-menta

Activity


Acto XXIII - Requiem

Journal Entry: Mon Jul 6, 2015, 12:39 PM


"—Shaoran, ¿qué le pasa?

Me giré hacia la voz, aún sin reconocerla, para descubrir que yo estaba en el teatro y que Rika me miraba a un par de metros de distancia. Quizá, ella tenía los rasgos desfigurados por el miedo o, quizá, la nube blanca que lo empañaba todo me impedía distinguir su rostro con claridad.

—¿Qué le pasa? —volvió a preguntar, señalando algo a mis espaldas: el foco del cual surgía aquel zumbido insoportable, que bien podría llevar una eternidad taladrándome la cabeza.

Pero la realidad no esperaba de pie tras de mí, sino que se ocultaba, hincada de rodillas, en el suelo. Incluso sin moverse, Sakura arrastró de vuelta la consciencia de aquella carta que ahora se arrugaba en mi mano, y de cómo la habíamos leído juntos cuando todavía éramos los únicos habitantes del teatro. Recordé cada palabra escrita en el papel, preguntándome qué hora sería y pensé que, marcara lo que marcara el reloj, ya era demasiado tarde."

Tras el telón
Acto XXIII
"Réquiem"

Léelo [aquí].

   



♥ ♫ ♥ ♫ ♥
Original CCS code by kuschelirmel-stock | Modified by sam-ely-ember | Original art by Choco-menta
Extra
“Kataigida”


La luz del relámpago había sido tan potente que, por un instante, Shaoran no necesitó de la linterna frontal amarrada a su cabeza para poder seguir leyendo. Mientras el rugido del trueno aún hacía retumbar las paredes de la habitación, apartó sus ojos de la prosa de Robert Bloch para fijarse en Sakura, quien dormía ignorante del salvaje espectáculo al otro lado de la ventana. Había colapsado varias horas antes de que la tormenta comenzara, con el iPod conectado a los oídos y la música fluyendo a todo volumen, probando su don para dormir en las más adversas circunstancias; un don que él no poseía y, en ocasiones como ésta, envidiaba profundamente.

El libro ya había vuelto a captar su atención cuando oyó el chirrido de las bisagras al girar lentamente. Y, al alzar la cabeza, la linterna alumbró el rostro del intruso que se asomaba desde el umbral; los delicados rasgos de un niño de cuatro años que debería llevar horas durmiendo pero, al parecer, no lo hacía.

Shen le observaba en silencio, frunciendo el ceño al comprender que la linterna con correa que Shaoran estaba usando para leer era la suya. Su padre la había confiscado días atrás, impidiendo que la usara para desvelarse mientras destrozaba juguetes, oculto bajo las sábanas, como si no fueran Sakura y él quien lo encontrasen rodeado de engranajes y tornillos a la mañana siguiente.

—Mamá —llamó, con las pequeñas manos aún aferradas a la madera, sin atreverse a entrar en la habitación. La escasa luz de la linterna no le permitía distinguir nada más que a su padre y la silueta de Sakura a su lado, sin comprender por qué ella no había intervenido aún para socorrerle.

—Está dormida, y tú también deberías estarlo.

—La luz se rompió —murmuró Shen, temeroso ante la perspectiva de tener que librar él solo aquella batalla contra su padre—. No sé arreglarla.

Shaoran asumió que se refería a la pequeña lámpara que pendía del enchufe junto a su cama. Tenía en su superficie un grabado de estrellas, que se proyectaban con su luz azul sobre el techo y las paredes del cuarto, creando la ilusión de una galaxia en espiral moviéndose lentamente. Era la clase de porquería que un padre debía comprar cuando su vástago se negaba a dormir solo, acostumbrándole, durante años, a un falso espectáculo astronómico que perdía toda efectividad ante la falta de energía eléctrica.

—La luz no se rompió, se apagó —corrigió, reparando luego en la otra mitad de su respuesta—. Y te he dicho mil veces que no te acerques a los enchufes, Shen. Volverá a funcionar en cuanto te duermas. —Vio al niño sacudir la cabeza, terco como siempre—. ¿Qué pasa, te da miedo la tormenta?

—No.

—Entonces... —Estaba a punto de enviarlo de regreso a la cama cuando un nuevo fogonazo iluminó la habitación, sacudiéndola apenas unos segundos más tarde. Shen había abierto mucho los ojos, fijos en el cielo blanco a través de la ventana, logrando admirar la belleza el relámpago justo antes de que éste desapareciera. Sin embargo, en cuanto la intensa luz se perdió, Shaoran lo vio aferrarse una vez más al marco de la puerta, perdiendo su sonrisa para mirar con desconfianza a su alrededor y, en especial, al pasillo oscuro a sus espaldas.

Le sorprendió comprender lo que ocurría, pues muchas veces olvidaba que, pese a sus propios recuerdos, que no sabía del todo cómo interpretar, y al carácter autosuficiente de Shen, éste no era más que un niño y en ocasiones se portaba como tal. Miró a Sakura con la estúpida esperanza de que un milagro la obligase a despertar y fuese ella quien se encargase de consolar a su hijo, a sabiendas de que él no podría hacerlo. Al fin y al cabo, su trabajo siempre había consistido en vigilar al crío, no en darle cariñitos cuando éste ponía aquella expresión compungida que derretiría de ternura a una piedra.

Resignado, Shaoran señaló con un gesto el espacio entre su cuerpo y el de Sakura. Antes de que tuviera tiempo a bajar el brazo, el niño corrió hacia la cama, como si creyera que algo pudiese alcanzarlo desde la oscuridad, para colarse bajo las mantas y acurrucarse contra su madre, que sonrió y le abrazó aún sin reaccionar. Shen no tardaría mucho en tocarle la mejilla, intentando despertarla, pero debió renunciar a ello cuando su padre le apartó la mano y amenazó con llevarlo de vuelta a su habitación.

Tras los escasos segundos de obediencia en los que se esforzaría por permanecer quieto y callado, curioseando lo poco que podía adivinar de los dibujos grabados en la cubierta del libro, Shen lanzó su primera pregunta, cuidando no equivocarse en esta ocasión:

—¿Por qué apagaste la luz?

—Yo no apagué la luz —se defendió Shaoran, recibiendo la mirada incrédula de su hijo que, al parecer, le consideraba bastante más cruel de lo que era—. La tormenta debió haber estropeado algún transformador.

—¿Qué es un —el niño pronunció lentamente las sílabas, intentando repetir la palabra con exactitud para que su padre no le corrigiera— transformador?

—Es una de las cosas que te permiten encender la luz cuando haces esto. —Impaciente, Shaoran pulsó el interruptor junto a la cama, sin obtener ningún resultado. Notando que Shen no había saciado su curiosidad con tan escasa información, y que ya había abierto la boca para formular su siguiente pregunta, que sería la primera de entre cinco y doscientas, Shaoran intentó adelantársele—: Las lámparas necesitan electricidad para encenderse, y la electricidad necesita un camino por el que llegar hasta aquí, como los cables y los transformadores. Si éstos se rompen, hay un apagón.

—Tú tienes luz —replicó Shen, desconfiado, señalando el foco sobre su cabeza.

—Esto funciona con pilas, como tus juguetes. Su luz se genera en el interior de la linterna, así que no necesita la energía eléctrica que llega desde los cables; no se enchufa, como las lámparas en las paredes y techos. —Shen asintió, concentrado en sus palabras, pese a que Shaoran estaba seguro de que no entendía una mierda de aquello que él intentaba explicarle de la forma más sencilla posible—. Nada de eso funciona por arte de magia, ¿sabes? La luz no aparece de forma natural por las noches; tiene que... fabricarse y llegar hasta aquí. Para ti, la electricidad es algo natural, pero antes de que tú nacieras, la gente debía usar antorchas, o velas, como las de las tartas, para esconderse a romper sus juguetes por las noches. Apenas muchos años después a alguien se le ocurrió una forma mejor de fabricar su propia luz, que es la que tenemos ahora.

—¿Y quién fue?

—Un inventor llamado Tesla —murmuró Shaoran, atento a la reacción de Shen, quien, pese a seguir mirándole con los grandes ojos llenos de chispeante curiosidad, y pese a los pronósticos de su padre, no dio muestra alguna de haber reconocido aquel nombre.

—¿Y por qué no fabrica más luz?

—Porque está muerto —concluyó, rendido. Esperar que un mocoso de cuatro años entendiera el funcionamiento de la electricidad en lugar de imaginarse al señor Tesla fabricándola como si se tratase de usar un telar, cuando la mayoría de los adultos no lo hacían, era absurdo—. Y ya te lo he dicho: la tormenta estropeó el tendido eléctrico, así que, hasta que alguien lo arregle, tu lámpara no volverá a funcionar.

—¡Yo puedo arreglarlo!

El desconcierto hizo que Shaoran no reaccionara cuando Shen se incorporó, guardando, a duras penas, el equilibrio sobre el colchón para alcanzar la linterna amarrada a la cabeza de su padre. Éste le permitió quitársela, preguntándose qué pretendía hacer el niño con ella, tan sólo para ver cómo la arrojaba con todas sus fuerzas contra la pared un instante antes de que todo se volviera negro.

Shen ahogó un gemido de frustración y miedo; frustración ante el fracaso y miedo a la oscuridad que volvía a cernirse sobre él. Cayó de rodillas, palpando las piezas dispersas sobre el colchón, desilusionado al reconocer el tacto de las chapas metálicas, los resortes, tornillos y pilas de botón que formaban también parte sus juguetes, aun cuando no comprendía las funciones de cada uno.

Siendo aquella linterna la única superviviente del apagón, porque, como había dicho su padre, generaba su propia electricidad y no necesitaba de cables ni transformadores estropeados, Shen había esperado encontrar en su interior una luz que pudiese traspasar a su lámpara de estrellas; resultando, sin embargo, ser otro de tantos cacharros ordinarios e incomprensibles que él había destrozado contra la pared.

Dio un respingo al sentir que algo le atenazaba la muñeca, resistiéndose al contacto hasta comprender que aquella mano, surgida de la oscuridad, pertenecía a su padre y no a cualquier monstruo desconocido. Se dejó arrastrar, sollozando entre dientes, al calor de las mantas y a aquel abrazo que le obligó a ocultar el rostro contra el cuello de una camiseta que olía a tabaco, rindiéndose, poco a poco, a las caricias en el pelo y tras las orejas.

Aprovechando la luz de un nuevo relámpago, y el hecho de que Shen había dejado de temblar tras varios minutos del consuelo que a él no le gustaba darle, ni el niño solía aceptar en circunstancias normales, Shaoran se estiró para alcanzar el teléfono sobre la mesa. Sintió que el libro se deslizaba desde la orilla de la cama hasta caer al suelo con un estruendo, pero no le dio importancia mientras buscaba entre los iconos del menú.

Cuando, finalmente, logró activar la linterna para dejarla encendida hasta que la batería se fundiese por completo, dedicó sus últimos movimientos a colocar el teléfono en donde estaba antes de volver a estrechar al niño, cuyo tamaño casi podía abarcar por completo entre ambos brazos.

Suspirando, se preguntó de qué forma pretendía dormirse él ahora,  inmovilizado, insomne y aburrido como estaba, mientras el cuerpo de Shen se relajaba lentamente contra el suyo y la silueta de Sakura seguía siendo un ovillo inerme.
Extra - Kataigida
Kataigida significa "tormenta" en griego.

:heart: Lee la historia [ESPAÑOL]

:heart: Read the story [ENGLISH]

:star: Official TUMBLR

 

  Shaoran © CLAMP 

  Shen © Choco menta 

 

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(Contains: sexual themes)
Extra (UA)
“Flatmates”



Shaoran y yo compartíamos vivienda desde hacía ya casi un año. Tras mi ruptura con Eriol, decidí mudarme a un apartamento en el centro, contando con varios candidatos próximos a la universidad. Poco antes de que eligiera uno de ellos, me enteré de que Shaoran estaba teniendo algunas dificultades económicas, coincidiendo con el fin de sus ahorros, por lo que le propuse hospedarse conmigo hasta que consiguiera un trabajo que pudiera compaginar con el teatro. Supongo que, si le convencí entonces, fue sólo porque no tenía otra opción, y porque le prometí el apartamento de dos habitaciones que casi había descartado al principio de mi búsqueda. Pero, a pesar de su desconfianza, y de cierto temor por mi parte, el resultado fue más positivo de lo que ambos esperábamos.

Nuestras vidas siguieron siendo bastante fieles a lo que eran antes: yo ocupaba mis mañanas en la universidad, mis tardes en el teatro y mis noches estudiando, mientras que él buscaba algún empleo por las mañanas, ejercía como director por las tardes, y leía durante el proceso de ambas cosas. A veces coincidíamos en nuestros ratos libres, y nos sentábamos en el sofá de la sala a compartir alguna película, ensayábamos por pura afición, conversábamos, o nos embebíamos en maratones sexuales que duraban varias horas (o varios días). Discutíamos, también, por supuesto. Y un montón, pero aquello no le restaba diversión al asunto: no existía discusión, en nuestra casa, que no pudiera solucionarse con un revolcón satisfactorio. Por ello fue que, cuando él logró encontrar un trabajo nocturno como taquillero en el cine local, yo le ofrecí compartir los gastos de alquiler en lugar de exigirle que se fuera, y él aceptó la propuesta en lugar de mudarse al rincón de la ciudad más alejado de mí.

Por primera vez en muchos años, yo volvía a sentir que el rincón del mundo en el que vivía era realmente un hogar, cálido, reconfortante y seguro, en el que tenía libertad absoluta para hacer todo lo que quisiera. Como hoy, al llegar a casa, empapada por la torrencial lluvia que me había interceptado a la salida de la universidad, sin sentir la necesidad de inventarme excusas como que había olvidado el paraguas en clase. No, al menos, para mi flatmate.

—Espérame aquí, por favor —pedí a mi invitado, señalándole el sofá de tres cuerpos que había en el centro del salón—. Voy a quitarme esta ropa. La próxima vez, tendré que estar más atenta al pronóstico del tiempo... Siento mucho lo de tu paraguas, Eita.

—No te preocupes, no fue culpa tuya.

Lo había sido, absolutamente, pero yo no quise sacarlo de su inocente concepción del mundo, en la que su atolondrada acompañante había inclinado, por error, el interior del paraguas en la misma dirección en la que soplaba el viento huracanado. Rompiendo, así, algunas de las varillas que hasta aquel momento habían cubierto su cabeza más que la de él, en un acto de caballerosidad muy mal correspondido.

Eita, cuyo apellido no recordaba, puesto que me había dedicado a tutearlo desde el momento en que lo conocí, era mi compañero de clases. Acababa de incorporarse a la universidad, teniendo la desgracia de escoger uno de los dos asientos vacíos a mi lado, que por algo estaban siempre vacíos, durante las lecciones de Macroeconomía: una asignatura tan aburrida que me había llevado a conversar con él mucho antes de lo esperado, descubriendo que era nuevo en la ciudad, lo cual explicaba su trato amable hacia mí.

Por supuesto, no fue conversar lo único que hice con él durante las clases, aprovechando una oportunidad que pocas veces se me brindaba en la vida, e insistiendo en tratarlo como un amigo cercano tanto como en jugar con mi lápiz entre los labios, o darle cariñosos apretones en la rodilla tras cada comentario mínimamente gracioso. A pesar de sus intensos ojos azules y su sonrisa angelical, ninguna de mis compañeras osó acercársele durante mi cortejo, cosa que nos evitó problemas a todos. Eita me parecía un buen partido, lo bastante tímido e incauto para seducirlo y, varias semanas después, atreverme a invitarlo a casa luego de un breve encuentro en el café Clover. Yo le gustaba, o eso creía. Al fin y al cabo, se había mostrado siempre muy amable conmigo, e, incluso, demostrado un gran entusiasmo cuando le confesé que era actriz de teatro.

Sonreí mientras me quitaba la ropa, de espaldas al espejo, y buscaba algo bonito que ponerme. Mi alegría, sin embargo, no duró mucho: apenas empezaba a secarme el pelo cuando oí la puerta del apartamento. En aquel momento, creí que mi invitado se había dado cuenta de qué clase de persona era yo, quizá incluso comprendiendo que había roto su paraguas deliberadamente, pero aún mayor fue mi temor cuando me pareció oír que Eita saludaba a alguien.

Abandoné la habitación de inmediato, sin olvidar la toalla que había escogido para Eita, y me encontré a Shaoran de pie en medio del salón. Tenía una caja de pizza en la mano y estaba mojado como un perro.

—¿Qué haces aquí? —le pregunté.

Los fines de semana incluían sus jornadas de trabajo más arduo, motivo por el cual yo solía limitar mis visitas, para encerrarme con él en una sala casi vacía a oírle quejarse de la película de estreno de turno mientras comíamos palomitas de maíz, al resto de noches. Y motivo por el cual, también, había elegido traer a Eita a casa hoy, viernes, y no cualquier otro día.

—Yo también me alegro de verte, gracias. El compañero al que cubrí la semana pasada me cambió el turno —me explicó él, demasiado intrigado con la escena ante sus ojos para detenerse a dar más detalles. Miró con curiosidad a Eita, que se había puesto de pie, quizá al saludarle, y luego a mí—. ¿Encargaste pizza...?

Recogí la caja, que había pedido por teléfono antes de salir de la universidad. A modo de soborno, le ofrecí a él la primera rebanada de pizza, mientras presentaba a Eita como mi compañero de clases, y a Shaoran como mi compañero de vivienda, en una pobre nomenclatura que no pareció tranquilizar a mi presa. Al menos hasta que Shaoran añadió ser gay, dándome una sonora palmada en el culo antes de retirarse a su habitación, masticando el trozo de pizza más grande que encontró en la caja.

Del mismo modo en que Eita había creído mi mentira sobre el incidente con su paraguas, creyó ahora la mentira de Shaoran. Y, del mismo modo en que Eita la creyó, yo creí que Shaoran me dejaría tranquila, recluido en su mundo durante el resto de la noche, respetando mi vida sexual tanto como yo respetaba la suya. Teníamos un acuerdo muy claro al respecto, que suponía una libertad absoluta para traer parejas a casa, aunque fuera Shaoran el único que le hubiera sacado partido a aquella ley hasta este momento, pues él no era tan quisquilloso como yo a la hora de elegir víctimas.

Luego de darle la toalla a Eita para que se secara, nos sentamos ambos en el sofá. Poco a poco volvimos a relajarnos, entre sus halagos sobre el apartamento y mis preguntas acerca del tipo de películas que le gustaban, con la única finalidad de escoger la que pudiera resultar menos perturbadora para él dentro de mi lista de DVDs. Para no alertarlo, intenté mostrarme lo más normal y romántica posible, llegando, incluso, a cortar una pequeña porción de pizza y sostenerla, con un tenedor, ante su boca. A él pareció gustarle aquel intento de seducción, que a mí me resultaba mucho más perturbador que cualquiera de mis películas, e imitó mi hazaña.

Aún no había acabado de tragar aquella indigesta bola de queso, que el romanticismo cutre me había atascado en la garganta, cuando noté la presencia de alguien más.

—Ella nunca me da de comer así —comentó Shaoran, con la sonrisa divertida de quien está viendo un documental del National Geographic, mientras piensa en lo entrañables que son unos aldeanos danzando en taparrabos para invocar lluvia. Se había apoyado en el respaldo del sofá, tras lo que, a juzgar por el agradable aroma a agua caliente y jabón que emanaba su piel, debió ser una larga ducha—. ¿Cuál es tu secreto? Debes tener algo más, aparte de esa cara bonita.

—No realmente —contestó Eita, incómodo, no supe si por haber sido descubierto en medio de tan bochornosa escena, que quizá sólo a mí me revolvía el estómago, o por aquel tonito sugerente que Shaoran estaba blandiendo en su contra.

—Vamos, no seas tímido, algo tiene que haber. ¿Será por tu carrera? A veces, la chicas prefieren ciertas profesiones. Como Medicina, por ejemplo. ¿Estudias lo mismo que Sakura, o sólo compartes algunas clases?

—La misma carrera.

—Quizá, ¿tu ropa? ¿Dónde la compras? Esa camisa parece de muy buena calidad —añadió, tocándole el hombro.

—Es de Calvin Klein, pero...

—¡Calvin Klein! No he visto ninguna tienda por aquí cerca, ¿dónde vives tú?

Antes de que Eita contestara, como la criatura inconsciente que era, sujeté la mandíbula de Shaoran y lo hice girarse hacia mí para meterle un trozo gigante de pizza en la boca. Me importaba poco la excusa que pudiera esgrimir para comportarse como lo estaba haciendo; así fuera a repetirme que yo no hacía más que juntarme con psicópatas y que él sólo estaba velando por mi seguridad.

—¿Ves?, tú también lo conseguiste, Shaoran. Así que ya puedes volver a hacer lo que estabas haciendo antes, sin preocuparte por nosotros. Estaremos bien, gracias.

Alzando las manos, Shaoran se alejó del sofá, con la boca demasiado llena para replicar nada, y yo volví a respirar tranquila cuando oí cerrarse la puerta de su habitación. Sabía que no era tan estúpido, ni estaba tan interesado en lo que yo hiciera con alguien más, como para volver.

—¿Debería irme, Sakura?

—¡No! No te preocupes por Shaoran, sólo es demasiado sobreprotector —improvisé—. Yo intento no meterme en su vida cuando trae a sus chicos a casa, claro, aunque los haga gritar su nombre para que yo los escuche... —no necesité inventar esa parte, con la excepción de que no eran chicos—. Pero, en fin, parece que él no lo entiende de la misma manera. Debe pasarle como a mi hermano, que siempre se mete en todos mis asuntos porque cree que soy demasiado tonta para solucionarlos por mí misma. De hecho, creo que mi hermano también es gay. ¿Será por eso? ¿Te he hablado de Touya alguna vez?

Un trozo de pizza se desintegró bajo la presión de mi mandíbula, tensa, mientras yo fingía la sonrisa más grande que tenía. Por fortuna, Eita era tan tonto como Touya me consideraba a mí, de modo que, una vez más, se relajó.

El resto de la velada transcurrió con normalidad, sin que nadie volviese a interrumpirnos, primero mientras veíamos The Notebook y, más tarde, mientras nos besábamos en el sofá. Me hizo sentir cómoda, pues permitió que fuera yo quien llevara la iniciativa todo el tiempo, demasiado respetuoso o demasiado intimidado para compartir el control conmigo. Fui yo, también, quien dispuso un traslado a mi habitación.

Un aspecto positivo de usar ropa holgada es que puedo vestirme con varias capas, así que, cuando me quité la primera de ellas, Eita se sorprendió mucho al descubrir que llevaba puesto el baby doll rojo y las medias que había comprado unos meses atrás, mi conjunto favorito por dos motivos. El primero: porque las medias cubrían casi por completo mis muslos, ocultando las cicatrices. El segundo: porque me había enseñado el delicioso poder de tener un conjunto así y usarlo sólo cuando a mí me diera la gana, sin importar las súplicas que recibiera para ponérmelo más a menudo.

Tras un único intento frustrado por desnudarme completamente, lo monté con la ropa puesta dos veces. Chillé tan alto como pude. El sexo fue fácil, conveniente, y estuvo bien. Y ése fue el problema: que estuvo bien.

Cuando yo estuve dispuesta a una tercera ronda, insatisfecha al no haber llegado al orgasmo la segunda vez, descubrí que él se había dormido. Pero yo estaba insomne, e incómoda con el baby doll todavía puesto, así que me levanté, silenciosa, y, tras rebuscar en el cajón de mi mesita, me encerré en el baño. Allí me metí los dedos en la garganta, concediéndome el placer de vomitar aquel trozo de pizza atragantado que Eita me había dado de comer en la boca. Me cepillé los dientes y me duché concienzudamente. Luego, salí del baño y entré a la habitación al final del pasillo.

Shaoran estaba acostado, leyendo. Mi visita no le sorprendió, así como tampoco le sorprendió que trepase a la cama, gateando hasta él para poder sentarme a horcajadas sobre sus caderas.

—Hagamos un trato —le dije, enseñándole el par de esposas que sujetaba en una mano, mientras introducía un dedo de la otra entre mis pechos y la toalla—. Tú dejas que te ponga esto, y yo me la quito. ¡Nada de cuchillas esta vez! —prometí, enseñándole ambas manos para que confirmase que no estaba armada—. Ya sé que no lo disfrutaste tanto como yo, y a mí me gusta que te diviertas porque te quiero mucho.

A pesar de su mirada recelosa, Shaoran acabó tendiéndome ambas muñecas, que esposé al respaldo de la cama. Sólo una vez que estuvo preso yo tiré de la toalla, que cayó sobre su abdomen. Su desilusión fue tangible entre mis piernas, pero, antes de que pudiera protestar, me quité aquellas bragas de encaje y satén de Victoria's Secret que me habían costado una fortuna, hice un bollo con ellas y se las metí entre los dientes. No habría podido hacerle algo así al dulce Eita, quien se habría traumatizado de por vida en lugar de mirarme como una pequeña puta rabiosa. Y existían más que unas cuantas posibilidades de que yo fuera a pagar muy cara la osadía, pero pocas veces estaba tan dispuesta a arriesgar mi culo como en este instante.

—Te pongo esto para que entiendas que tienes que estar muy calladito —susurré—. Si no, también tendré que ponerte una almohada en la cara hasta que obedezcas. Pero eso podría ser peligroso, y no queremos poner en riesgo tu vida, ¿cierto? —Negó—. Buen chico.

Lo monté ahora a él, alcanzando en silencio ese orgasmo que sólo había podido fingir escandalosamente antes, durante la segunda ronda con Eita, y prácticamente me desvanecí sobre la cama, tomándome unos instantes para recuperar el aliento. Después, le permití acabar a él, aunque usando sólo mi boca. Quitándome, al fin, aquel regusto amargo que me había dejado el maldito trozo de pizza.

Sin la intención de quitarle a Shaoran las esposas hasta la mañana siguiente, ni de volver a ducharme o cepillarme los dientes, apagué la luz de su habitación y volví a la mía, en donde me puse un pijama enorme antes de meterme en la cama con Eita, para poder dormir tan plácidamente como él.
Extra UA - Flatmates

¿Un final alternativo de la historia? Sí, algo así. Mucho más breve que el de las cabras, está claro...

:heart: Lee la historia [ESPAÑOL]

:heart: Read the story [ENGLISH]

:star: Official TUMBLR

 

  Sakura & Shaoran © CLAMP 

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Extra
Genderbend I


El camino estaba señalizado con envoltorios de todos los colores del arcoiris: amarillo para el chocolate con avellanas, verde para el chocolate con café, violeta para el relleno de trufas, rojo para el chocolate amargo, naranja para el caramelo, rosa para la fresa, azul para la leche. Uno a uno los fui recogiendo, desde el centro mismo del escenario, hasta que mis manos apenas pudieron sostenerlos sin que desbordaran. Pero mi apetito no conocía límites, así como tampoco los conocía...

Ella, recostada en la gran silla de su despacho, con un sendero de bombones que conducía al vórtice entre sus piernas abiertas. Con uno de sus cortos vestidos negros, sus botas hasta la rodilla e incluso su abrigo, pero ni rastro de ropa interior.

Sonrió cuando yo estuve a punto de dejar caer los bombones, presa de un tipo de ansiedad totalmente nueva para mí, de un sofoco literalmente visible y de una torpeza mayor aún de la que ya era habitual.

—¿Hansel o Gretel? —preguntó, apagando el cigarrillo para deslizarse perezosamente contra el respaldo del asiento, sin apartar sus ojos de mí. Su pelo castaño se enredaba en torno a sus hombros, dándole aquel aspecto de fiera falsamente tranquila que tanto me intimidaba—. ¿Cuál de los dos es el niño adorable al que la bruja quiere comerse? Siempre los confundo.

—Creo que el camino los llevaba hacia su casa, no hacia la casa de la bruja —murmuré.

—Entonces, tal vez te hayas equivocado de camino.

—O tal vez no.

Tras un último vistazo a la puerta, repartí el puñado de bombones entre mis bolsillos. Necesitaba las manos libres para poder gatear hasta ella a la vez que recolectaba, usando la boca, los chocolates que faltaban, hasta que quedó sólo el último de ellos.

Di con él a la altura de mis ojos, teniendo que asomarme sobre el asiento para poder alcanzarlo con los dientes, tarea que requirió un esfuerzo sobrehumano de precisión, siendo patoso como era, para no rozar accidentalmente ninguna parte de su cuerpo en el proceso.  Una vez sujeto el chocolate, con el mismo cuidado me incorporé hasta volver a quedar de pie, con los bolsillos, las manos y la boca repletos de bombones.

Mis pies colgaron del escritorio cuando me senté sobre él, y me dediqué a balancearlos mientras desenvolvía aquel último chocolate. La victoria se derritió, dulce y cálida, sobre mi lengua.

—¿Quieres uno? —ofrecí, notando que estaba siendo muy poco considerado.

Desde el momento en que yo me había levantado sin tocarla, ella me miraba con una furia difícil de describir. Sin embargo, no dijo nada. Se limitó a cruzar las piernas, meterme la mano en el bolsillo y darle la vuelta, haciendo que un montón de bombones se desparramaran sobre el escritorio.

Los engulló sin consideración, ni permiso. Pero, para entonces, yo ya había decidido regalárselos.
Extra - Genderbend I
Hoy recordé que jamás había subido a deviantART los pequeños extras que escribo de vez en cuando, y publico en Facebook como historias independientes (y a la vez no) de Tras el telón

Éste fue un pequeño experimento con el genderbender, del que hay varios dibujos en mi galería (puedes verlos aquí).

Los publicaré en el orden en que fueron escritos. No tienen ninguno en particular ya que las historias no son canon, sino experimentos.
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:iconred-winged-angel:
red-winged-angel Featured By Owner 1 day ago  Hobbyist Digital Artist
Choco, I have a question in regards to you Behind the Curtain fic: Since fanfiction.net doesn't allow to copy/paste, do you have it else where, or even on here so it'll be able to be translated via google translate? I do wish to read it so. It looks great. <3
Reply
:iconchoco-menta:
Choco-menta Featured By Owner 1 day ago  Hobbyist Digital Artist
m.fanfiction.net/s/4817992/1/Tras-el-telón

;)
Reply
:iconred-winged-angel:
red-winged-angel Featured By Owner 1 day ago  Hobbyist Digital Artist
:wow:!! Oh, thank you!
Reply
:iconchoco-menta:
Choco-menta Featured By Owner 1 day ago  Hobbyist Digital Artist
It's the final trick xD
Reply
(1 Reply)
:icongforcelevel1988:
GFORCELEVEL1988 Featured By Owner Jun 14, 2015
Hi, Happy Birthday and Hope you have a nice day as well :hug:
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